MARKUS K. BRUNNERMEIER
Durante buena parte de los años de la crisis, los graves problemas económicos en Grecia, Irlanda, España, Italia y otros países hicieron que la existencia del euro pareciera inmanejable. Y, de hecho, muchos pensaron que éste no iba a sobrevivir como moneda única, al menos no en toda la eurozona. Hubo incluso quien se preguntó si su concepción había sido una buena idea. Porque los principales problemas del euro, como explica admirablemente este libro, radican en las profundas diferencias que existen entre las ideas económicas y filosóficas de los dos países centrales de la Unión, Alemania y Francia. El primero es un Estado federal con fuertes gobiernos regionales que está acostumbrado a entender los textos legales, en este caso el Tratado de Maastricht, como una serie de normas rígidas; a imponer la responsabilidad individual por encima de otros argumentos y a percibir las deudas desmedidas como una señal de irresponsabilidad. Francia es un país muy centralizado donde, en cambio, los textos de