FRANCISCO ESTEVAN VITORES
Todo el mundo tiene miedo. Nadie sabe cómo serán la economía, la sociedad y la tecnología del futuro, y lo que estudiamos se queda obsoleto al instante. Los trabajos del futuro poco tendrán que ver con los actuales y tendremos que reinventarnos cada dos o tres años. Ya no bastará con tener un MBA, contratar al mejor consejero delegado o ser el líder de un mercado, por grande e infinito que parezca. En el mundo del mañana, todo puede cambiar a la velocidad de la luz. Y nadie sabe cómo. Con todo, la política y la economía siguen regidas por estructuras caducas e ineficaces, las barreras para el emprendimiento son innumerables y el sistema de apoyo a la economía productiva funciona como una enorme tubería que pierde agua; cuando llega al pozo, ha perdido gran parte de su contenido por el camino.