JORGE RIECHMANN
La conciencia poética es una rara alquimia capaz de convocar y transfigurar la multiforme experiencia humana a través de las palabras. Decir es transmutar; pronunciar es a menudo crear. Como la legendaria piedra filosofal, el verbo que concitan los alquimistas convocados en este poemario nos invita a elaborar la materia ardua y oscura de nuestros trabajados días para devolvernos, si es posible, un puñado de oro.La primera parte, «La alegría de no tener», es una prudente celebración de una creación continuada y un iluminador recuento de lo que nos ha convertido en lo que somos. En estos versos, la poesía aspira igualmente a ser indagación de la verdad, siquiera sea «en el jardín umbrío en los ombligos de las muchachas». El poeta aspira a rescatar los ecos de la sabiduría antigua, esos pecios arrojados a la playa donde refulgen los apotegmas de Heráclito, Tales, Anaximandro o Jenófanes. La segunda parte, «Contra la ley de los grandes números», es ante todo una feroz perorata contra las múltiples ignominias de n