LACAN, J.
Acuérdense de la escena extraordinaria que constituye la confesión pública de Alcibíades, y traten de situarla en nuestros términos. [...] Éste se confiesa, ¿ante quién? Los otros, todos los otros, aquellos que, por su concierto, sus cuerpos, su concilio, parecen darle el mayor peso posible a lo que se puede llamar el tribunal del Otro. ¿Y qué es lo que constituye el valor de la confesión de Alcibíades ante este tribunal? Es que dice precisamente haber tratado de convertir a Sócrates en algo completamente sometido y subordinado a otro valor distinto del de la relación de sujeto a sujeto. Frente a Sócrates, cara a cara, ha manifestado una tentativa de seducción, ha querido hacer de él, y de la forma más manifiesta, alguien instrumental, subordinado ¿a qué? al objeto de su deseo, el de él, Alcibíades, que es agalma, el buen objeto. Aún diré más. ¿Cómo no reconocer, nosotros, analistas, de qué se trata? Está claramente dicho es el buen objeto que Sócrates tiene en la barriga. Ahí Sócrates no es más que el e