JOSÉ LUIS DE JUAN
Habiendo sido educados en la noción del sentido del ridículo, el equilibrio del pudor y el respeto a la vergüenza, asistimos hoy perplejos al insólito espectáculo que ha destruido en pocos años las reglas del comportamiento público y privado. Atizados por la recompensa de una notoriedad jocosa, muchos ciudadanos han participado en la ruidosa liquidación pública de modos y formas aparentemente anticuados: la reserva, la discreción, y, a fin de cuentas, la elegancia. Sentir vergüenzanos dice José Luis de Juanes una manifestación del espíritu, es ejercer el libre albedrío, un acto moral que oscila entre la inocencia y la culpa. La vergüenza es una sensación poderosa y sutil. No es el arrepentimiento cristiano, ni la autocrítica comunista, ni la sangría del gentil o del pobre, ni la indignación colectiva. La vergüenza es la salvaguardia celosa de una intimidad amenazada, la certeza de haber hecho algo no honorable y el testimonio de cierto tipo de decencia. La vergüenza es la guía de nuestro comportamiento a