JACQUES KERMOAL, MARTINE BARTOLOMEI
Pocos saben que los «padrinos» de la «Honorable Sociedad» preparan los menús de sus ágapes con el mismo cuidado y esmero que sus crímenes. La expresión cucinare il delitto («cocinar el delito») da una idea de la importancia que la Mafia otorga a la gastronomía: ya desde sus comienzos, esta organización se ha reunido en torno a la mesa con objeto de festejar aniversarios y éxitos, urdir nuevas estrategias... o poner fin a las actividades y los días de algún miembro de la Familia. Y la comida constituye una liturgia, un ritual en el que cada detalle está perfectamente planeado. En La Mafia se sienta a la mesa se describen las comidas, cenas o banquetes que, por su importancia histórica o legendaria, por su originalidad o su cariz burlesco, ocupan un lugar preeminente en la gastronomía mafiosa desde 1738, año en que se fundó esa sociedad. Pues la Mafia organiza ágapes tanto para preparar el desembarco de Garibaldi en Marsala en 1860 como para