JOAN LOPEZ ALEGRE
Desde la pitada al Rey en la inauguración del Estadio Olímpico en 1988, poco a poco el nacionalismo ejecutó su programa para ocupar todos los espacios económicos y sociales hasta conseguir su objetivo final: la independencia. Frente a esto, millones de catalanes no nacionalistas permanecieron en silencio, porque aquel que no se adaptaba era condenado al ostracismo y porque aquellos que se atrevían a levantar la voz eran señalados y tachados de fascistas y de traidores a la patria. De este modo, la ostentación del poder y la capacidad de influencia social derivada del ejercicio del poder perenne por parte del nacionalismo llevó a la sociedad catalana no nacionalista al silencio como forma de supervivencia. Un silencio que puede interpretarse como cómplice pero que, en realidad, es el resultado de no tener nada a lo que agarrarse para resistir a una ola incontenible generada desde el poder. Este libro cuenta la historia de una cesión constante hasta una reacción imprev