OLVIDO GARCÍA VALDÉS
La de Olvido García Valdés es ya una «de las escrituras más fervientemente medulares de la poesía española contemporánea» (Eduardo Milán). Seis años después de Y todos estábamos vivos, que mereció el Premio Nacional de Poesía, los poemas de Lo solo del animal vuelven a mostrar una voz singular y reconocible, que sin embargo rehúsa fijarse y afronta cada vez un riesgo nuevo, notable siempre en la altura de los resultados. Lo solo del animal propone una meditación sobre lo animal de la soledad, un lugar no verbal, de existencia, en que coincidirían todos los seres, pero que aquí se abre al conocimiento y se afila en la conciencia. En el curso de lo cotidiano, contra el fondo de la enfermedad y la muerte, entre los trazos de una lúcida desesperación, crece una empatía o compasión con lo que existe, una dulzura desplazada hacia el mundo, hacia el ajeno fluir de la vida, «rara y querida como una enfermedad», que encarnan mejor que nadie los pequeños animalillos, tan frágiles y resistentes.Si escribir puede